03 febrero 2009

Parece mentira. Si Darwin volviera a mesarse la barba...



No se entiende cómo puede ser que un tercio de los británicos crea que el mundo fue creado por DIOS hace no más de 10.000 años existiendo tantísimas evidencias de lo contrario. Me produce tristeza pensar en la capacidad intelectual de este 32% (para ser más exacto), o lo que sería menos grave pero igualmente preocupante de la formación científica de estas personas. Pero con ser chocante una noticia así, no deja de ser una nimiedad frente a la siguiente que intentaré desmenuzar a continuación en la continuación de mi blogg tan denostado últimamente. Esta entrada es considerablemente extensa por lo que si no dispones de tarifa plana te recomiendo que grabes la página y la veas sin conexión, porque leerla entera puede llevar su tiempo. Bienvenido.

La noticia de que más del 50% de los británicos cree en la necesidad de la intervención de un “ente ordenador” o “diseñador inteligente” de la vida, para que esta exista con la complejidad con la que se presenta ante nuestros ojos, frente al 40% que confía en la explicación al respecto que ofreció Charles Darwin hace próximamente 150 años, pone sencillamente los pelos de punta. Al menos a mí me deja perplejo constatar cuan sencillo le resulta a la irracionalidad hacerse un hueco en el pensamiento de los seres humanos. No pretendo decir que todos aquellos que defienden la teoría del diseño inteligente sean irracionales o ilusos o algo por el estilo. En cierto modo me infunden un curioso respeto por lo que de osado me resulta el oponerse al paradigma central de la biología moderna por excelencia, la teoría de la evolución por selección natural que Darwin expuso en su maravilloso libro “El origen de las especies”. Lo que quiero decir es que me parece demasiado aventurado atribuir una causa determinada a un hecho, solo por que esta sea plausible. Siendo extremadamente escrupulosos en nuestros razonamientos, deberíamos desechar de base las suposiciones a menos que las planteemos como hipótesis pendientes de confirmar. Es decir, que la vida tuvo un principio dirigido y ordenado en virtud de un ente ordenador que dirigiese el proceso y la diseñara no dejaría en principio de ser una hipótesis que habría que demostrar.

Esta tarea no es sencilla, habida cuenta de las implicaciones de todo tipo asociadas a dicho proceso. En discusión está, no ya el desarrollo de la vida a lo largo de millones de años, sino el origen mismo de esta vida (si es que tenemos claro lo que entendemos por tal, que con seguridad es otro tema que da para debates interesantísimos que dejaremos para otra ocasión obviando la cuestión por ahora).

Podríamos empezar por la Tierra y de ese modo añadir algún que otro matiz para nada despreciable en el debate. Pensemos en primer lugar que el origen de la vida en la Tierra tuviese un origen exógeno de cualquier tipo. En ninguno de los supuestos descartamos la acción de la selección natural como motor de evolución que modificase con el tiempo las primitivas formas de vida hasta llegar a la biodiversidad actual. Solo pensaremos en el origen mismo de dichas formas de vida primigenias sobre la Tierra en este caso. Hagámoslo ayudados de los siguientes experimentos mentales:

- Supongamos que la vida en nuestro planeta hubiese sido diseminada por elementos inertes. Estaríamos entonces ante una teoría con nombre. La teoría de la Panspermia, término acuñado por Hermann Ritcher y utilizado para referirse al origen externo de la vida en la Tierra por Svante August Arrhenius, es una buena explicación en este sentido que pretende sugerir que a través de “vehículos” inertes, como meteoritos o cometas, pudieron haber llegado hasta nuestro planeta seres vivos procedentes de otros lugares del universo. Eso sí, estaríamos hablando de seres vivos tan resistentes como para poder soportar altas radiaciones y elevadísimos contrastes de temperatura como los que se soportan durante los viajes interplanetarios. Esta teoría se sustenta por varias observaciones no concluyentes de trazas de material “orgánico”, así como la aparente presencia de fósiles bacterianos en restos de meteoritos encontrados en la Tierra, en el análisis de la composición de las estelas de algún cometa que parecen revelar al presencia de algunos aminoácidos esenciales y otras moléculas orgánicas entre sus componentes. Aun cuando pudiera tratarse de una teoría plausible, no resuelve el problema del origen de la vida sino que lo traslada de lugar.

- Supongamos por lo contrario la existencia de un ser o seres vivos “extraterrestres”, en el sentido literal de la palabra, suficientemente capaces de poder “sembrar” formas de vida ya existentes procedentes de otro lugar externo al planeta. Si intervienen seres de este tipo en nuestro experimento hablaríamos de Panspermia dirigida. Se trataría de sembradores, no de diseñadores, por lo que el origen habría que buscarlo en otro lugar al que no tenemos acceso sino a través de inferencia por observación de la composición, estructura y complejidad de las formas de vida que habría generado. Sobre los sembradores no tendríamos información alguna sino la fecha aproximada en la que actuaron mediante cálculos indirectos relacionados con la datación de los primeros fósiles conocidos, unos 4000 millones de años. Los propios sembradores serían seres vivos de los que no tenemos experiencia constatada, cuyo origen sería una incógnita nueva pues no podríamos suponer que su composición, estructura y complejidad fuera similar a la de las formas de vida que estos siembran. Nada, por tanto, impide que podamos asociar al origen de esa vida diseminada, de origen externo, una causa similar a la que la ciencia intenta buscar en la propia Tierra.

- Supongamos que dicho ser o seres además de sembrar se dedicaron a “diseñar” de nuevo las formas de vida primarias que diseminaron posteriormente. Nosotros mismos somos capaces de diseñar nuevas formas de vida por ingeniería genética y ya planificamos sembrar de vida la Luna o Marte. En ese caso el origen de la vida en la Tierra se debería a la existencia previa de estos seres capaces de generar nuevas formas de vida. En este caso, al no conocer nada sobre la existencia de estos seres, salvo su capacidad por deducción de aquello que fueron capaces de generar, no podemos especular nada sobre su origen, que en cualquier caso debió ser exterior al planeta Tierra.

Si el origen no fuese exógeno a la Tierra sino endógeno. En ese caso, la evidencia fósil, la observación y la evidencia experimental nos llevaría a preguntarnos en exclusiva por el origen de formas de vida primarias que, más tarde, pudieran dar lugar por evolución por selección natural al resto que hoy conocemos. Si en ese origen no acudimos a agentes externos nos conduciremos irremediablemente a hipótesis de origen por síntesis química prebiótica, una especie de teoría de Generación Espontánea moderna y algo más elaborada que la que defendían entre otros René Descartes o el mismo Newton. Hipótesis de este tipo hay muchísimas y todas ellas se diferencian entre sí por las premisas, los factores y las variables que intervinieron sobre las condiciones iniciales de dichas reacciones, dependiendo de las cuales, los resultados acaban, por regla general, siendo igualmente variados. La mayoría de la comunidad científica apunta en esta dirección, y aún cuando los avances en esta dirección no son espectaculares, al menos desvelan mecanismos, datos y nuevas evidencias sobre cómo pudo haber sido ese origen y la capacidad que tiene la química para dar lugar a estructuras complejas a partir de otras mucho más sencillas. Un ejemplo de esto es la obtención de proteinoides o de los llamados coacervados de Alexander Ivanovich Oparín, claros prototipos de envoltorios cerrados membranosos, posibles precursores de las primeras protocélulas.

Ahora bien, todo esto se puede encuadrar dentro de un proceso de pensamiento, a veces deductivo y otras tantas inductivo que en parte caracteriza a la ciencia. La clave del error, según mi punto de vista, de los defensores de la hipótesis del diseño inteligente es argüir, ante la imposibilidad de desgranar el misterio por resolver del origen de la vida, a Dios. Si rechazamos el origen no dirigido - químico de la vida sobre la Tierra, solo nos quedan posibles explicaciones exógenas. En todas ellas, el origen mismo de la vida queda pendiente pues no se explica la existencia de la supuesta vida “extraterrestre”. Bien, puede ser que seres extraterrestres intervinieran en el origen de la vida en la Tierra, pero ¿cómo surgieron estos? Si nos decantamos por la Panspermia, ¿cuál es el origen de esa vida que supuestamente se transportó a la Tierra a saber de qué modo? Ante eso hay, a mi parecer, tres posibles explicaciones, casi filosóficamente inevitables, para responder a la pregunta del origen de la primera forma de vida del universo, a saber:

- La primera forma de vida fuera de la Tierra, o lo que es lo mismo a efectos de nuestros planteamientos, la primera forma de vida del universo, tiene su origen en mecanismos de síntesis química no dirigida. Problema igual al que la ciencia ortodoxa pretende resolver, por ahora sin mucho éxito, en la Tierra, pero sin saber de qué formas de vida estamos hablando ni en qué condiciones iniciales. Respuesta plausible.

- La primera forma de vida del universo no existe, porque el universo existió siempre y la vida con él como propiedad emergente e inevitable de la materia. La vida existió siempre por lo que no habría que explicar su origen. Explicación poco consistente por su contraposición con los avances en astrofísica y la hipótesis del Big Bang que aduce a un comienzo concreto en el pasado del espacio y del tiempo. Si comprobásemos que la estructura de este espacio-tiempo y del desarrollo del universo es diferente a la que imaginamos, de forma que el universo hubiese existido siempre pudiendo albergar vida en su seno, lo cual es prácticamente imposible, podría ser plausible.

- La primera forma de vida en el universo se creó en el pasado por mediación de un ente organizador de la materia y/o la energía, no-vivo, (puesto que de serlo nos encontraríamos en un supuesto anterior), que podríamos llamar, definido así a nuestro propósito, DIOS. También podría ocurrir que DIOS fuese capaz, no solo de organizar la materia y/o la energía del universo sino de crear esta materia y/o energía de donde no la hay. ¿Plausible?


La invención del concepto DIOS en este desarrollo es evitable. Intentaré explicarme. De existir un ente así, pudo dar lugar a la vida tomando como materia prima la “nada” o “algo”. En el primer caso, suponer que a partir de nada se puede producir algo es una falacia filosófica pues son conceptos opuestos. Desde el punto de vista científico no tiene sentido alguno investigar “nada” para intentar ver o descubrir cómo de nada puede surgir algo, pues “nada” no es un objeto que se pueda observar, medir, percibir,…Por ejemplo, podemos observar todo aquello de donde proceda luz, (que es energía y por tanto algo), podemos medir la masa de todo aquello que la posea, (algo que contiene masa es por definición materia, que a su vez es algo). Si del vacío puede surgir espontáneamente “algo” es un hecho del que no tenemos experiencia hasta el momento y si así fuera sería un fenómeno a estudiar e intentar explicar por parte de la ciencia sin tener que recurrir a un concepto de DIOS desde un principio.

Se pueden entretejer diversos argumentos en contra de este razonamiento, por ejemplo, se me ocurren: "Puede que el fenómeno físico que tuvo lugar cuando DIOS creó la vida a partir de la “nada” solo ocurriese una vez, por lo que el hecho de que no se haya producido en más ocasiones o en ocasiones en las que no se haya podido recoger constancia de esta hecho no significa necesariamente que este hecho no se produjese".

Por esa regla de tres podemos inventar tantas hipótesis estrambóticas queramos, pues por no ser demostrable o comprobable no tienen porqué ser falsas. En esta línea, Bobby Henderson, licenciado en física de la Universidad estatal de Oregón, lideró una iniciativa como protesta por la decisión del Consejo de Educación del Estado de Kansas (Kansas State Board of Education) de permitir la enseñanza pública del diseño inteligente como una alternativa de la teoría de la evolución. Esta iniciativa consistió en crear una nueva religión, el pastafarismo, y escribir solicitando que la teoría según la cual la vida, así como todo el universo, fue creada por el Monstruo del Espagheti Volador, se incluyese en los planes de estudio bajo amenaza de acudir a los tribunales si no se tenía en cuenta su petición. No tiene desperdicio alguno. Recomiendo encarecidamente la visita de la entrada en Wikipedia sobre el pastafarismo.

Si el ente Dios no hubiese creado los materiales que luego transformaría en la primera forma de vida en el universo y solo los hubiera transformado, el misterio se encontraría en encontrar evidencias de la existencia de este DIOS y de su naturaleza, para intentar encontrar respuesta a ¿cómo lo hizo?


Con esto no se cuestiona en principio la existencia de DIOS, sino que independientemente de exista o no, (aspecto a debatir en otra ocasión si se quiere, pero del que no se tiene constatación corroborable), no se tienen argumentos científicos que apoyen, ni tan solo remotamente, que fue este ente el responsable del origen de la vida. Y por tanto, no se puede defender una hipótesis sobre la que no se tiene evidencia o indicio alguno.


Con argumentos como el famoso sobre la estructura compleja del flagelo bacteriano solo podríamos, a lo sumo, reforzar la hipótesis del diseño inteligente, pero en ningún caso concluir en ella que el diseñador fuese un ente del tipo de DIOS.


En resumen, la hipótesis del diseño inteligente, más allá de sus connotaciones religiosas, es plausible admitiendo la posibilidad de la existencia de vida capaz de diseñar o modificar vida fuera de nuestro planeta, lo cual no es muy difícil de imaginar pues en nosotros se da un ejemplo claro de que este hecho es posible. No es imposible, por tanto, imaginar hombrecillos verdes con inteligencia suficiente para diseñar una forma de vida primigenia, (o unas pocas), y depositarla en la Tierra para que después, por el comprobado y eficaz mecanismo de evolución por selección natural, esta, (o estas), dieran lugar a la biodiversidad que tanto amenazamos en la actualidad. Si seres así existiesen, la hipótesis sería plausible, y es por ello, entre otras cosas que se gastan millones de dólares en investigación y búsqueda de vida extraterrestre, inteligente o no, en otros lugares de nuestra galaxia. (SETI, Viking, Beagle2,…)


Además de intentar buscar vida fuera de la Tierra o de analizar composiciones de meteoritos o cometas, la ciencia también destina esfuerzos en investigación para intentar dilucidar si la vida en la Tierra pudo surgir de la no vida sin intervención de entes “creadores” o “sembradores”, y gracias a esta investigación se obtienen multitud de beneficios en forma de nuevas tecnologías y de conocimiento básico en ciencia, tanto en química y biología, así como en geología, lo cual es muy beneficioso para la humanidad en su conjunto. Este conjunto de hipótesis, incluida la panspermia dirigida dan lugar a predicciones y/o experimentos con los que poder comprobarlas, si no en su totalidad, sí en partes. Pero la hipótesis según la cual el “diseñador inteligente” sería un ente del que es imposible tener constancia científica y al que no se puede buscar de forma material, o ni siquiera evidenciar su existencia de forma indirecta, es una hipótesis que no es científica, pues no permite ser refutada ni comprobada por medio de la experimentación. Si algo caracteriza a una teoría científica es su refutabilidad y/o comprobabilidad según el paradigma científico que guíe nuestro método científico. Por este motivo, la ciencia, seguro que por el momento no dedica esfuerzos ni inversión a buscar evidencias de la existencia de DIOS, tenga este la apariencia que sea, ya sea un triángulo con ojo en medio o un cuenco lleno de espaghetis con albóndigas incluidas.


Solo en el caso de que apareciera DIOS ante la comunidad científica, de modo que esta pudiera comprobar que, en efecto, lo que tienen ante ellos es lo que hemos definido como DIOS, y hubiera una forma de comprobar que fue este ente el responsable del origen de la Vida, podría ser defendible dicha hipótesis, ya como teoría. Hasta que esto no sea así, solo queda a la altura de hipótesis no científica, y para nada puede ponerse a la altura, no ya de una hipótesis científica, sino de una teoría contrastada como la Teoría Sintética de la Evolución por selección natural que disfrutamos gracias a Charles Darwin, en la que tan pocos británicos parecen confiar.

31 agosto 2008

De cuando te permites ver el vaso medio lleno.


De aquellas pequeñas cosas que nos hacen sentir sublimes se ha escrito tanto que me atemoriza de algún modo iniciarme en esta nueva entrada de mi, no olvidado aunque lo parezca, blog. Quizá sobre los motivos que nos impiden sentirnos así se haya escrito algo menos pero es posible que me equivoque en esto. En cualquier caso, es precisamente uno de ellos, a saber, la falta de tiempo provocada por el mucho trabajo, el causante fundamental que me ha impedido tener regularidad en las prometidas entradas mensuales de este blog, y es a su vez el que motiva que sobre esto me decida a escribir.

El deleite intelectual es ante todo personal y cada cual lo disfruta a su entender, de la forma más completa y rica que puede, si acaso repara en que el intelecto, no solo los sentidos, también puede depararle momentos de placer y disfrute incomparables. El problema reside en que estamos, a mi parecer, tan inundados de estímulos variados que inciden directamente sobre nuestras necesidades e instintos más primarios, que no encontramos ocasión, tiempo o motivación para desviar nuestra atención hacia el mundo de lo sustanciosamente “inmaterial”, hacia el paraíso de los sueños en vela; dirigirse teniendo de quilla el lomo de un libro, a modo de barco, hacia lugares lejanos que quizás nunca pisemos o deleitarse en los maravillosos silencios, meditadamente insertados, de una sutil sinfonía está al alcance de todos pero no siempre es valorado en su medida.

En mi caso, tras un periodo de seis meses expuesto a un ritmo de vida que me atrevería cuanto menos a calificar de “grotesco”, que por cierto es digno del de cualquier chino de clase media, lo cual no me produce sino compasión, vuelvo a disfrutar de “tiempo” para poder dedicar a: escribir, leer, diseñar, ordenar, dormir, escuchar, observar,… El trabajo, las obligaciones, las deudas, los hijos, el transporte, el consumo y los “pasatiempos” teledirigidos tipo fútbol y demás telechorradas nos restan tiempo y, peor aún, paz interior suficiente para dejarnos caer en lo sublime de un verso, en la belleza de un paisaje tantas veces visto pero tan pocas contemplado, en el estimulante instante de una tertulia o incluso de un debate enriquecedor con amigos, en la maravillosa experiencia de poder escuchar, visualizar, descubrir, escudriñar, analizar o incluso intentar adivinar el comportamiento de la gente, que tantas otras veces contribuía con su indiferente discurrir al sentimiento de soledad y que otrora parece cobrar vida ante unos nuevos ojos llenos de paz interna. Me atrevería a decir incluso, en relación con este último ejemplo, que, si no fuera porque de momento me siento acechado por tantas certidumbres venideras que no me dejan relajarme del todo, podría sacar provecho de tal estado escribiendo mucho y mejor sobre tantas y tantas cosas que uno llega a aprender, a golpe de observación, en el trayecto diario al trabajo.

Cuando te enfrascas tanto en “vivir” que se te olvida vivir, acabas lamentándolo con el tiempo, y lo peor no es eso, sino que acaba pasando factura siempre y sin poder evitarlo, ya sea sobre la salud propia o ajena, teniendo que asumir pérdidas que no siempre han de ser graves: amigos, relaciones, vínculos, experiencias, dinero,… Pero a la vez pienso que por ser pesarosa pero al tiempo aleccionadora, la experiencia de darse cuenta de la importancia del cambiar el “vivir” por una vida mejor y más plena es altamente recomendable que todo el mundo la pase. Sólo después de echar en falta lo que tenemos aprendemos a valorarlo en su justa medida.

A colación de esto, este mes quiero compartir con todos, uno de los maravillosos textos que se pueden encontrar en los libros de Tony de Mello y que ahora viene a mi memoria en lo sustancial. Se trata de un cuento que por no tener ahora al alcance el libro en cuestión no puedo referencias ni transcribir de forma literal, pero que venía a contar una historia como la siguiente que intentaré insinuar de memoria.

“Érase un hombre que vivía en una pequeña casa que compartía con sus tres hijos y su mujer, y que se encontraba agobiado por las estrecheces y las incomodidades que debía de sufrir por tener que dormir todos en un mismo dormitorio que a su vez servía de salón y cocina. Al tiempo que su desesperación se acrecentaba y su impaciencia se hacía dueño de él mismo, decidió consultar con un anciano monje, sabio del lugar, en busca de consejo, pues según había oído todos los que a él acudieron quedaron complacidos en su sabiduría.

Ocurrió entonces, que acercándose un día al sabio le dijo: Oh, venerado anciano, vengo ante ti apesadumbrado porque mi casa es pequeña y mi mujer, mis hijos y yo no alcanzamos a encontrar paz en ella y de contínuo nos enzarzamos en peleas y discusiones debido al poco espacio que tenemos y al agobio que esto nos produce. Te estaré eternamente agradecido si algún sabio consejo puedes ofrecerme que salve la integridad de mi hogar, amenazada por nuestra incapacidad para tolerar esta situación por mucho más tiempo.

El sabio, ni corto ni perezoso se dirigió al hombre en estos términos: Si has venido ante mí deberás confiar en mi criterio y hacer cuanto te mande aún cuando no comprendas los motivos. El hombre, desecho y esperanzado al mismo tiempo, aceptó de buena gana seguir todos los consejos que el anciano le diese. Entonces dijo el sabio: Ve, busca a tus padres y llévalos a tu casa y dentro de unos días ven a verme.

Al cabo de unos días, como convinieron, el hombre visitó a su consejero diciendo: Sabio anciano, hice lo que me pediste pero no resultó, ahora somos más en casa y el problema se agrava, dime que hé de hacer. Bien, replicó el monje, ahora lleva entonces a los padres de tu mujer a tu casa también y ven a verme dentro de dos días. Así hizo y cuando llegó, casi llorando le suplicó al asceta que invirtiera sus consejos y diera fin a esa tortura que le había costado a él y a toda su familia, dos días sin dormir y no pocos enfrentamientos y nervios por la falta de espacio. Sin apenas conmoverse, el anciano replicó: Sé paciente amigo mío y confía en mi criterio. Vuelve a tu casa y mete en ella a todos tus animales durante la noche y verás como pronto solucionas tus problemas. Ven a verme dentro de tres días.

La voz pausada, serena y confiada del monje le llevó una vez más a seguir su consejo, eso sí, dudando cada vez más de su sabiduría en este tipo de problemas y prometiéndose a sí mismo que esa sería la última oportunidad que le daría en este asunto. Esa noche y las dos siguientes metió a los pocos animales que tenía en la habitación donde él y su familia intentaban dormir después de los no pocos enfrentamientos que durante el día protagonizaban y de las riñas y los olores de los que eran sufridores.

Tal y como convino con el monje se dirigió a hablar con él al tercer día, lleno de furia, cansancio y desecho por la situación cada vez peor a la que se había expuesto. Tal como llegó, el anciano se dirigió a él y le dijo: Sé lo que vienes a decirme, ahórratelo y dirígete a tu casa, saca a los animales de ella, sacrifica alguno y ofréceles una buena comida a tus padres y a los de tu mujer antes de llevarles a sus casas de vuelta. Ven mañana y entonces te oiré.

Así lo hizo, sacó los animales, degolló un cabrito y lo comió con su familia. Abrió las ventanas de su casa y la limpió con su mujer. Esa noche cuando se fueron a dormir se dijo a sí mismo: ¡Que paz!, ¡que bien se vive así! Al día siguiente fue a ver al anciano y solo acertó a decirle: Gracias por abrirme los ojos.”


Bueno, sé que no es exactamente así, pero chispa más o menos lo que viene a contar es lo mismo, quizás un poco adornado en detalles y seguramente peor escrito, pero lo que realmente importa de este como de todos los cuentos es la moraleja. En este caso, que cada uno encuentre la suya propia.
“Es más fácil calzarse unas sandalias que pretender alfombrar el mundo”

05 febrero 2008

"Botemos" a la Iglesia.


Me ha llegado un texto, que se supone que proviene de quien se dice en el mismo (El Grup de Rectors del Dissabte, es decir, un grupo de sacerdotes valencianos) Cuanto menos, una vez leído, me parece un contrapunto interesante que pone de manifiesto que dentro de la Iglesia no todo es borreguismo ante nuestros “pastores” y agachar las orejas asintiendo solemnemente a todo lo que se diga desde la apolillada jerarquía. Mas allá de lo acertadas que resulten estas propuestas a cada uno, parece interesante, cuanto menos, de cara a una reflexión, no ya sobre los contenidos en sí, (eso que cada uno lo masculle a su gusto), sino en relación con la instrumentalización política que en estos días vivimos todos y cada uno de nosotros y la orientación de dicha instrumentalización por parte de instituciones notables como la de los jerarcas católicos. Me asalta una duda y ahí os la dejo ¿Hasta qué punto un cristiano católico y votante convencido de cualquier partido que no sea el PP o La Falange puede o debe consentir que desde instancias como la conferencia episcopal se haga política disfrazada de moralina caduca, demonizando opciones políticas por las que tantos de sus "fieles" son partidarios?


A mí particularmente no me representan en absoluto. Es más, no reconozco ningún tipo de autoridad moral, religiosa, intelectual y ni mucho menos pólítica a Rouco, Camino y demás soplagaitas trasnochados al igual que a toda la Curia Vaticana al completo. Si para que quede clarito me obligan a apostatar, apostataré. Si para que me reconozcan miembro de "su iglesia" tengo que afiliarme al PP lo llevan crudo. Si creen que con eso van a despertar vocaciones también lo tienen claro, pero lo peor es que si de este modo lo consiguen es para temerle al futuro elenco de "pastores" católicos. El caso es que públicamente me considero cristiano seguidor de la figura y el mensaje de Jesucristo y consciente de que mi obligación como tal es la difusión de dicho mensaje, me veo obligado, siguiendo su ejemplo, a entrar en el templo, (en este caso a través de este humilde texto), agitando brazos, vociferante y cabreado y denunciar que la farsa y el mercado han llegado muy lejos esta vez, adueñándose de lo que a toda vista han perdido hace tiempo: la representación del mensaje de Jesús entre los humanos.


Independientemente de lo creyentes que podáis ser aquellos que leéis esta misiva, estaréis conmigo, si conocéis mínimamente la historia que os han contado de Jesucristo, en que la actitud de la jerarquía católica raya en lo absolutamente opuesto al mensaje del Reino de Dios. Tomadlo como si de un cuento se tratase, como si fuese una fábula creada al modo de caperucita roja o cualquier otra. Toda fábula tiene su moraleja independientemente de la realidad de sus personajes, y en este caso la moraleja de la historia de Jesús escrita en los evangelios ( que algunos como yo consideramos real aunque en parte modelada por los autores en un intento de transmitir con ejemplos, no siempre veraces o fieles a la historia, las enseñanzas del maestro), es cualquier cosa menos cercana al boato y a la pomposidad renovada del clero vaticano. Para el último cónclave, por ejemplo, del que salió elegido Ratzinger, muchos cardenales encargaron indumentaria nueva para estrenar en tan notable evento. Pues bien, un "uniforme" de Cardenal con sus fajines, gorritos, borlitas, zapatitos tipo bruja aplastada del mago de Oz, etc, etc, etc, llegan a costar más de un millón de las antiguas pesetas. El papa está luciendo atuendos nuevos profusamente abigarrados, por lo que no vale la excusa de que el patrimonio histórico que guarda la Iglesia no se puede destruir y es mejor usarlo; No. Se está adquiriendo nuevo, y estoy seguro de que no debe ser barato. A mí me daría más credibilidad, y sobre todo sentiría más cercano a un papa que diera su bendición Urbi et Orbi en vaqueros, sin duda alguna.


Me encantaría poder leer una carta del Papa abierta a todos sus “fieles” en la que, agradeciendo de antemano su generosidad, recondujese la actitud de muchos de regalarle joyas, cálices, mitras, casullas, estolas, etc,… bordadas en oro, hacia aquellos que seguramente celebrarían mucho más la inversión de algunos de esos milloncejos en sus comunidades, sus colegios, sus sanatorios, sus hijos,… El reino de Dios no se construye con oro sino manchándose las manos con la piel muerta y gangrenada de los leprosos de Calcuta, por ejemplo, o repartiendo cultura entre los más necesitados de esta. Con cinco millones de las antiguas pesetas podemos construir un colegio humilde en muchos países africanos y sudamericanos. ¿Cuánto cuestan muchos de los mantos y tallas “nuevas” que estrenan este año muchos de las hermandades de la Semana Santa en toda Andalucía? Si se puede elegir entre una vida con futuro más y un manto de plata nuevo, ¿cómo puede un verdadero cristiano no tener clara la opción a tomar? ¡Hipócritas!


Que la Iglesia católica condene el aborto, no solo lo veo normal sino justo y aceptable. Lo que ya no veo tan aceptable es que prohíba el uso del preservativo en todo el mundo para luego lamentar el sufrimiento de tantas mujeres y niños enfermos de sida. Tampoco entiendo como puede ser compatible que años atrás, representantes de la propia Iglesia católica mediasen e intercediesen en conversaciones entre gobiernos y bandas terroristas, (por cierto, conversaciones que mientras tuvieron lugar detuvieron la violencia y las muertes inútiles causadas por dicho terrorismo), para luego demonizar a aquellos gobiernos que hacen lo mismo cuando ellos no median o intervienen. Me parece igualmente detestable la actitud que se mantiene en relación al doble rasero de medir las cosas cuando se critica al gobierno actual de perseguir a la Iglesia mientras por debajo de banda se pone la mano para recibir la mayor cantidad de dinero que jamás ha recibido en la historia del estado español (un 34% más). Sabed por otro lado (y simplemente por poner un ejemplo), que "en teoría" no se puede recibir el sacramento del matrimonio sin haber recibido con anterioridad el de la confirmación. Preguntad a cuantas parejas casadas o con intención de hacerlo que conozcáis, ya sabéis de qué hablo. Hipocresía, hipocresía, hipocresía. La semana Santa en España, y en particular la andaluza no solo es una manifestación cultural sino algo que sigue siendo patrimonio de una Iglesia que ve con buenos ojos como un puñado enorme de "fieles" hacen ostentación de riqueza y derroche e incluso alimentan hostilidades y guerras intestinas con la excusa de una tradición que, si bajara Jesús y la viera exhibirse por la calle, dudo que resistiera la tentación de comportarse como en el mercado del templo. ¿Alguien se imagina a la figura reencarnada (si queréis fabulada) de Jesús, junto al cura y a las autoridades de turno siguiendo a un paso de Semana Santa por las calles de Sevilla? ¿Alguien lo imagina encadenado, descalzo y cargando una cruz de forma voluntaria por las calles atiborradas de gente y puestos de vendedores de pipas mientras en las 3000 viviendas se muere la gente por sobredosis? Hipócritas.

¿A cuántos obispos ha visto alguien manifestarse junto a los trabajadores de Delphi con motivo de las protestas que tantas familias llevaron a cabo para defender sus humildes y honrados puestos de trabajo? ¿A cuántos? Yo he visto a más de un cura (amigo mío más de uno), manifestarse en la calle semana tras semana para alzar la voz contra la precariedad laboral cada vez que ocurre la muerte de un obrero en su trabajo. También he visto a más de uno agarrado a pancartas clamando contra la, mal llamada a mi parecer, violencia de género o violencia machista. Ninguno de ellos lleva alzacuellos y casi todos ellos visten de paisano, aunque lo verdaderamente importante no es eso, sino el hecho de que sienten los problemas de la sociedad como algo propio y el objetivo de su acción y su compromiso. Ningún obispo a la vista. Solo parecen estar para oficiar funerales mediáticos o bautizos reales y para salir en manifestaciones de esas en las que se llena de incienso la calle y de turistas los bares cuando se saca a pasear a las tallas de turno. Por cierto, eso si, también los he visto manifestarse contra los matrimonios homosexuales, que tanto daño hacen a nuestra sociedad. Parece no haber nada peor que un “matrimonio” homosexual, así que tened cuidado todos, no vaya a ser que os “convirtáis” a la homosexualidad si por una “desgracia” os topáis con algún conocido que decide casarse siendo gay o lesbiana. ¡Qué horror!

¿De donde sacó la Iglesia católica española la pasta necesaria para montar el fantástico chiringuito que dio acogida a la fastuosa manifestación del 30 de Diciembre de 2007? Podría haber sido un poco más modesto dicho chiringuito y destinar el equivalente a ayudar a las familias con problemas. Cáritas ya lo hace, pero vuelvo a lo mismo: si hay que elegir entre un chiringuito meramente funcional y barato para poder ayudar aunque solo sea a 5 familias más creo que escogería el chiringuito barato en lugar del majestuoso púlpito desde el que se lanzaron perlas como la de Agustín García-Gasco, arzobispo de Valencia, que ha criticado "la cultura del laicismo", calificándola como "un fraude" que "sólo conduce a la desesperación por el camino del aborto, el divorcio exprés y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes", y por lo que "nos dirigimos a la disolución de la democracia". ¿Disolución de la democracia? ¿De verdad se usa parte del dinero que los católicos ceden a la iglesia católica para erguir auditorios públicos donde se digan memeces como esta? No creo que los españoles den su dinero para eso a la iglesia católica.

Ahora parece saltar el gobierno del PSOE con la amenaza de exigir a la Iglesia Católica a cumplir con sus compromisos relacionados con su autofinanciación. Ojalá ocurra y le dejen de dar tanto dinero a la Iglesia católica. Que ella misma organice los mecanismos a nivel nacional para que aquellos que marcaban la crucecita en la declaración de la renta puedan seguir donando la misma cantidad de dinero de forma voluntaria. Mientras tanto, que el gobierno mantenga la cruz para que aquellos que queramos que dicho dinero se siga invirtiendo en causas sociales podamos decidir que así sea a través del aparato del Estado. Va a ser la ruina. A ver qué gallitos se ponen ahora.

En definitiva, la guerra no empezó ahora sino que viene de muy atrás. Esta no es sino el reflejo de otra más de las batallas o escaramuzas que se van manteniendo a lo largo del tiempo. Con seguridad vendrán muchas más. ¿Dónde nos situaremos los cristianos? De una cosa estoy convencido; Nuevos aires de Cisma planean sobre la Iglesia Católica. Ojalá devengan más pronto que tarde, pero mientras tanto no puedo sino recordar las palabras puestas en boca del maestro carpintero por medio de San Mateo 23.


8"Ustedes no esperen que la gente los llame maestros, porque ustedes son como hermanos y tienen solamente un maestro.9 No le digan padre a nadie, porque el único padre que ustedes tienen es Dios, que está en el cielo.10 Tampoco esperen que la gente los trate como líderes, porque yo, el Mesías, soy su único líder.11 El más importante de ustedes deberá ser el sirviente de todos.12 Porque los que se creen más importantes que los demás serán tratados como los menos importantes. Y los que se comportan como los menos importantes, serán tratados como los más importantes".

16 octubre 2007

¿Cómo ser feliz y no morir en el intento?


He aquí la eterna pregunta que a su vez puede, suele y yo diría que incluso debe acompañarse de las preguntas ¿qué es la felicidad?, ¿se debe buscar esta, (la felicidad), como fin o como medio en la vida? Digo esto porque puede parecer implícito en la pregunta inicial que el “ser feliz” se hiciera necesario hasta el punto de correr peligro intentando serlo. Por ahora no digo ni que sí ni que no y me reservo la opinión al respecto para más adelante en esta entrada del mes de Octubre. Vayamos por partes.

Definir la felicidad no es aunque lo parezca a simple vista una tarea fácil. El DRAE la define como “Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”. Quizá peque esta definición de ser un tanto materialista pues pareciera que, de no poseer un bien, el estado de ánimo venido a llamarse felicidad no fuera posible. En cualquier caso y mas allá de las mil definiciones distintas que pudieran hacerse del término felicidad, se trata de un estado complejo que se opone a la tristeza. Yo me atrevería a decir que la felicidad es un estado de ánimo según el cual el individuo percibe que su existencia es armoniosa, en lo que respecta a sí mismo en relación con el medio en el que se mueve y en lo que respecta a sí mismo en relación consigo mismo. Como dice Henry Van Dike (escritor estadounidense del que no conozco nada pero al que he encontrado en internet en una cita sobre la felicidad), “la felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.” Es por ese motivo que particularmente doy una importancia superlativa a la parte de mi definición en la que me refiero a la relación de uno mismo consigo mismo. Se puede tener todo en el plano material en esta vida y ser profundamente infeliz y viceversa. Como estrategia de marketing no está nada mal hacernos creer que la felicidad se alcanza con la posesión de bienes, pues eso no contribuye sino a exacerbar el consumismo cainista inherente a nuestra sociedad actual, y de hecho podemos observarlo a diario en todos los lugares, la publicidad, el payaso triste frente al alegre que lava su ropa con el detergente de turno, el niño triste y el contento que consume el chocolate fulanito, el ama de casa sudorosa con dolores de espalda y sufriente frente a la impoluta ama de casa que sonriente exalta las cualidades maravillosas del limpiador sutanito que para colmo viene con mayordomo incluido, el sufriente gordo michelínico que suspira de cansancio frente a sus relucientes, peludas y bamboleantes lorzas, frente a la reluciente tableta abdominal del culturista atiborrado de estupefacientes que lejos de venderte los efectivos anabolizantes responsables de su escultórica figura, pretende que creas que el responsable de sus tersas y prietas carnes son fruto del uso de un cinturón vibrador que muestra sobre sí mismo en plena acción con cara de felices circunstancias, etc… Todo eso entra dentro de la lógica de mercado y el marketing desde que alguien se dio cuenta, se ha convertido en toda una ciencia dedicada a crear necesidades a quien no las tiene, de modo, que de no satisfacerlas se sienta no complacido y por tanto algo menos feliz que en el caso de satisfacer dicha “necesidad”. Lo grave de este asunto no es como digo, que el marketing haga uso de esta falacia en su provecho, lo grave es que el DRAE entre a saco en el tema con definiciones como esta.

La verdad sea dicha, lo que digan los académicos o dejen de decir no me afecta mucho, es más, me la repanpinfla alegremente. Por eso mismo, a pesar de ellos sigo defendiendo que tiene más relevancia y contribuye en mayor medida a la felicidad del individuo, la relación de este individuo con su propio yo, ¿pero eso cómo se come? Quiero decir, que eso está muy bonito en boca de un psicoanalista argentino pero en la práctica ¿en qué consiste eso de estar en armonía con uno mismo? ¿Acaso se trata de algún tipo de onanismo mental pseudoascético? La respuesta a esto es que sí y no al tiempo, y no es que tenga complejo de guardian de la puerta de dragones y mazmorras o de maestro Yoda recién fumado, sino que la búsqueda de la felicidad para aquel que la emprende, acaba indefectiblemente siendo un recorrido egoísta, en el sentido neutro de la palabra, al tiempo que fracasa siempre que se pretenda prescindir de los demás en esta búsqueda, por lo que lo del ascetismo no acaba siendo práctico en absoluto.

Me explico; Si entendemos el concepto de armonía sin necesidad de demasiadas explicaciones podemos entender que seamos más felices cuanto más integrados estemos con nuestro entorno, incluyendo en nuestro entorno a nuestro propio pensamiento. No es extraña a nadie la sensación que todos hemos tenido alguna vez de encontrarnos como espectadores de verdaderos debates internos cuando hemos tenido que tomar alguna decisión de importancia o cuando queremos deshacernos de pensamientos negativos que en algún momento nos invaden. Es como cuando en los dibujos animados se nos aparece un diablillo y un angelote, cada uno en un hombro discutiendo e intentando convencernos de qué debemos hacer. Pues bien, en esas escenas, nosotros no somos ni el angelote ni el diablillo y estamos como espectadores de dicho debate. Pues bien, eso somos nosotros, un ser que incluso se coloca por encima de ese pensamiento o de ese sentimiento sea positivo o negativo, de modo que podemos sentirnos cómodos con ese pensamiento (o sentimiento) o no y por ese motivo incluso entrar en fases patológicas en las que los pensamientos (o sentimientos) negativos nos agobian y no nos dejan ser felices. Como si esos pensamientos tuvieran un origen externo a nosotros mismos, cuando somos nosotros los que los generamos, incluso a pesar de nuestro deseo, y si no, ¿por qué motivo los calificamos de negativos? En la escena de dibujos animados, el protagonista observa y atiende a los motivos que tanto el diablillo o el angelote esgrimen, pero en ese momento su actitud es receptiva y no es influido por las posibles consecuencias de una “decisión” que aún no ha tomado aunque siempre esconde un deseo en el fondo (normalmente en la línea de las tesis del diablillo). Conste de antemano que nada de esto pretende tener nada que ver con el concepto de conciencia tradicional. Lo que quiero transmitir con este ejemplo es la idea de que no es una desfachatez hablar de estar integrado con uno mismo en la medida en que podemos vivir, actuar, o como poco aceptar sin más la realidad de nuestros pensamientos sin contraponernos a ellos o sin dejar que estos nos afecten como el personaje que los contempla sin tomar una decisión mientras todos estos pensamientos (los positivos y los negativos) se pasean ante sus narices, incluso cuando menos se lo espera o incluso a su pesar. Aprender a convivir con nuestros propios pensamientos y con nuestros propios sentimientos sin dejar que estos nos condicionen hasta el punto de hacernos personan infelices, es el camino idílico y utópico hacia la felicidad y este es difícil como ninguno.

Todos nosotros estamos expuestos a multitud de experiencias, hechos, sucesos, vivencias, que al ser confrontadas con nuestros deseos y expectativas entran en conflicto, de modo que dicha confrontación y la sensación que provoca en nosotros el no ver complacidos dichos deseos nos imbuye en una dinámica de búsqueda de una solución, que no solo acabe con el conflicto sino que además resuelva el mismo en el sentido de la consecución favorable de dicho deseo. Esto, que parece un trabalenguas, encierra la clave de la infelicidad a mi modo de ver, pues resulta que lo que nos hace infelices en realidad es el hecho de que nuestros deseos se confronten negativamente con lo que vivimos y no necesariamente el que dichos deseos no se vean cumplidos. Pongo un ejemplo para que se me entienda: Supongamos que en general soy una persona feliz que deseo fervientemente más que nada en este mundo comprarme un coche dentro de un año, pues bien, de este modo mientras yo esté trabajando y ahorrando para poder comprarlo y a pesar de no tener el coche en mi poder aún, no tengo porqué sentirme infeliz por esta causa, pero si me dejan parado la semana que viene, surgirá en mí un sentimiento de infelicidad derivado del contraste de mi deseo con la realidad de la dificultad de poder llevarlo a la práctica. En ambos casos, en la misma fecha sigo sin tener coche pero en uno me siento feliz (o al menos por ese motivo no tengo porqué sentirme infeliz) mientras que en el otro me inundan sentimientos de derrota, fracaso, desdicha y en definitiva infelicidad. Supongamos siguiendo el mismo ejemplo que siendo la misma persona, exactamente la misma persona en lo que respecta al resto de mi vida, no albergase en mí ese deseo de comprarme un coche. Al sufrir ese percance de pasar por la situación de quedarme en paro no estaría expuesto a sufrir infelicidad por ese motivo en concreto de un deseo que no albergo. Con esto no quiero decir que la clave de la felicidad esté en no albergar deseos o expectativas de futuro en la vida, porque gracias a ellas podemos vivir, pero sí que podríamos comprender (y gracias a ello hacernos más fácil el trabajo siguiente) que la intensidad y la flexibilidad con que alberguemos esos deseos, condiciona sobremanera la respuesta que seremos capaces de dar ante la frustración de los mismos. Por ejemplo, ahora mismo puedo sentir el deseo de comer chocolate pero el que mi madre me lo prohíba no tiene porqué hacerme sentir infeliz pues tampoco se trata de un deseo o una necesidad que no pueda posponer o cambiar por otra.

Cada acto que realizamos en nuestras vidas responde a una motivación, ya sea esta consciente o no y esto le ocurre al menos a todos los vertebrados. Ante un estímulo, nuestro cerebro reacciona generando una motivación que nos lleva a realizar un comportamiento aunque sea simple. Por ejemplo ante el recuerdo espontáneo del disfrute pasado viendo un determinado programa de televisión nuestro cerebro se activa motivándonos para levantarnos y sentarnos delante de la pantalla. Ante la sensación de descontrol que supone no tener conocimiento del lugar donde nos encontramos nos motivamos para desarrollar comportamientos exploratorios y de cautela y precaución, por lo que inhibimos en parte nuestro comportamiento social, observamos a nuestro alrededor más de lo acostumbrado y nos olvidamos en ese momento de aspectos como el sexo, la tele o la comida hasta que otro estímulo superior desvía nuestra atención y nuestro cerebro deja de buscar y orientarse para ocuparse de elaborar comportamientos adecuados para la consecución de la satisfacción de dicho estímulo. Cuando somos pequeños apenas tenemos control sobre este mecanismo de respuesta a estímulos y activación de respuestas comportamentales preprogramadas, de modo que tan pronto estamos llorando como sonreímos en cuanto alguien nos hace una carantoña para hacernos callar. Si se nos prohíbe algo que deseamos como chocolate o se nos quita un juguete lloramos automáticamente porque no somos capaces de controlar el sentimiento de infelicidad que en nosotros genera el deseo insatisfecho (de seguir jugando o de comer chocolate). Sin embargo del mismo modo tenemos más facilidad de cambiar ese deseo por otra motivación que nos haga olvidar ese hecho y al rato cambiamos de juguete o nos olvidamos del chocolate si nos cogen en volandas y nos hacen cosquillas haciéndonos reír durante un buen rato. La diferencia con el crecimiento es que para poder hacer frente a una vida adulta tenemos que ir siendo cada vez más conscientes de las posibilidades futuras de nuestros comportamientos de modo que nuestras motivaciones comienzan a dirigirse a objetivos a más largo plazo que el comerse un chocolate en el momento por lo que el mecanismo de cambio de motivación acaba haciéndose más rígido conforme vamos haciéndonos mayores. Se trata precisamente de eso que valoramos en los adolescentes cuando les decimos que están madurando si les vemos tomar decisiones que tienen más en cuenta las repercusiones futuras (estudiar, ser cautos, reflexionar antes de tomar decisiones,…), frente a la actitud “alocada” típica de la edad. En esa época aún no han perfeccionado el mecanismo de control sobre el centro de las motivaciones y por eso nos sorprenden con actitudes “maduras” tan pronto como ante cualquier estímulo cambian de opinión rápidamente dejándose llevar o nos dan una pataleta si no les dejamos comer chocolate.

En los adultos este control tiende a perfeccionarse en el sentido de hacerse más rígido y no tan flexible de modo que no nos veamos expuestos a los vaivenes de nuestro cerebro cada vez que se planta ante nosotros un estímulo atrayente, permitiéndonos concentrarnos en una tarea que previamente hemos decidido que es importante. Pues bien, aquí está la clave del asunto, la rigidez de este mecanismo se vuelve tal, que perdemos la capacidad de “amoldarnos” a las circunstancias cuando estas afectan a deseos de futuro a medio o largo plazo, (o sea, precisamente al tipo de deseos o motivaciones que consideramos importantes y que potencia nuestro desarrollo). Del mismo modo, adquirimos una cierta capacidad de adaptación a los cambios inmediatos para poder hacer frente a la toma de decisiones diaria de los imprevistos de la rutina (para la que también estamos diseñados por nuestro desarrollo) y por ese motivo llevamos mejor la prohibición del chocolate que los niños, los adolescentes, los adultos con falta de madurez o aquellos adultos con patologías que afectan a este mecanismo de control y cuyos efectos suelen ser obesidad por ingestas compulsivas, personas que no pueden evitar atacar sexualmente a otras, trastornos obsesivo-compulsivos, etc…

¿Entonces cuál es la clave de la felicidad? Como ya he dicho, no se trata de no albergar deseos o perspectivas de futuro sino de Comprender que el ser rígidos a la hora de Aceptar aquellos hechos o circunstancias que nos sobrevienen incluso a pesar de nuestros deseos acaba generando más infelicidad en nosotros que el hecho mismo en sí. Es el tiempo que tardamos en aceptar un hecho que nos genera conflicto el que sufrimos y describimos como “infeliz”. Aceptar como algo inevitable, o incluso esperar la muerte de un familiar cercano, por ejemplo, disminuye la sensación de infelicidad que esta muerte inevitablemente genera debido a que esta muerte choca con nuestro deseo de que dicha persona permanezca con nosotros, mientras que aquellos que se niegan a asumir dicha pérdida, acaban sufriendo más hasta que terminan por darse cuenta de que aferrarse a un deseo irrealizable no hace sino hacerles sufrir en vano. En estos casos, por seguir el lúgubre ejemplo, sufre más la pérdida quien más cercano se encuentra al difunto en cuestión y por tanto quién más expectativas de futuro tenía con él.

La clave por tanto de la felicidad está en darse cuenta, a base de meditar mucho sobre el tema y de ejercitar a diario el control de la impulsividad y del mecanismo por el que controlamos nuestros deseos, que dicha felicidad no depende de lo que vivimos o de lo que procede del exterior. Los avatares, las circunstancias, los accidentes, los problemas, e incluso la relación con otras personas son asuntos sobre los que no podemos pretender tener un control al 100% pues dependen en gran medida del libre albedrío de los demás. Por ello debemos inmunizarnos de la infelicidad comprendiendo cuanto antes que, si a pesar de nuestros deseos, empeños y esfuerzos por conseguir ser seleccionado en una entrevista, o mantener nuestra relación de pareja o llegar sanos a nuestro destino en un largo viaje por carretera, algo de esto se ve frustrado, no podemos darnos el castigo extra de dejarnos influir por un cerebro que no está preparado para ser flexible y asumir que debe cambiar de motivación de forma inevitable porque por más que se empeñe no va cambiar la frase “ya te llamaremos” o “hasta aquí lo nuestro” o recuperar la pierna perdida en Cuenca en el choque contra el kamikaze borracho e irresponsable de turno.

Todos estos eventos nos generan “dolor”, y este dolor es inevitable pero los pensamientos negativos y el no aceptar ese dolor cuando resulta inevitable nos generan “sufrimiento” y es ese sufrimiento el responsable de nuestra infelicidad. El dolor es siempre momentáneo y temporal por lo que no es el causante de que nos sintamos infelices, el causante de esa infelicidad es la falta de aceptación de la consecuencia de ese hecho que ya es pasado y que no tiene vuelta atrás. Por ejemplo, un futbolista que juega una final de un mundial y se tuerce un tobillo llora, pero el llanto puede ser de dolor físico o un llanto amargo y desconsolado debido al sufrimiento extra que se genera en su cabeza cuando se da cuenta de que dicha lesión le impide terminar el partido. La sensación de sufrimiento puede ser mayor si la lesión se produce cuando su equipo se encuentra a un minuto del final, con un empate en el marcador y está a punto de marcar gol con la portería vacía, o al contrario si se trata del portero y la lesión se produce cuando su equipo está ganando a un minuto del final, al realizar una parada espectacular que evita el empate. En definitiva, un mismo hecho, a saber: “lesionarme el tobillo en la final del mundial y tener que abandonar el terreno de juego siendo la ilusión de mi vida terminar el partido jugándolo” puede ser una experiencia más o menos dramática dependiendo de otros muchos factores. Pero incluso dos jugadores diferentes ante ese mismo hecho, y en idénticas circunstancias pueden sufrir más o menos dependiendo de la importancia que le den a este hecho aunque con el mismo deseo y la misma motivación a los dos les genere dolor el no poder acabar el partido. Al día siguiente uno puede estar entrenando para recuperarse y preparar el mundial de dentro de cuatro años y el otro en cama llorando, sin ganas de comer y sin querer ver ni hablar con nadie.

Por todo esto es importante saber aceptar la realidad y asumir esta tal cual es en cada momento, sin generar sufrimiento extra por no conseguir que en el presente dicha realidad sea diferente a la que deseábamos. Aceptar, ojo, que no significa lo mismo que conformarse. Quiero decir, aceptar que me han robado, significa asumir que esto acaba de ocurrir y que debo serenamente pensar en el siguiente paso a dar,a pesar de la rabia en potencia que puede estar deseando hacerse dueña de mí. Por lo pronto, “me han robado y punto y seguido” sería aceptar que eso ha pasado, aunque odie pasar por una situación así porque ello me causa dolor o me produce un daño o un perjuicio (incluso un daño económico o de cualquier otra índole). Por otro lado, “me han robado, maldita sea, que putada, con lo bien que estaba yo sin que nadie me molestara, ¿porqué me he tenido que pasar a mi?, ¡qué mala suerte tengo!, ¡maldita sea la hora en que pasé por aquí!, …” implica además del perjuicio o dolor causado por el evento,un sufrimiento extra que yo y solo yo me autoinflinjo y que no deriva del hecho de que me hayan robado sino de mi capacidad para reconducir mi respuesta, hacia una respuesta útil que no aumente el sufrimiento que dicho perjuicio inevitablemente me causa. Es decir, mi dinero se ha esfumado, mis tarjetas de crédito también, voy a tener que esperar colas kilométricas para renovar el carnet voy a tener que perder tiempo denunciando el robo, he perdido la foto de mi perrito que tenía en la cartera, etc… pero lamentándome no voy a arreglar nada, es más, todo lo contrario porque de esa forma me estoy generando un sufrimiento innecesario que no merezco, porque no he venido a este mundo para ser infeliz. Y eso de "he venido a este mundo para..." no suena a nada, que ya os veo a más de uno conjurando aquelarres contra mí. Sencillamente no hemos venido a este mundo a sufrir porque no estamos predeterminados a nada por un lado y porque tendemos de forma natural a buscar aquellas situaciones y circunstancias que nos hagan felices, de modo que si tenemos algún objetivo en esta vida es como digo el de ser felices, objetivo que cada uno puede intentar alcanzar por los medios que estime más oportunos.
Por eso concluyo. La clave de la felicidad gira en torno a varias palabras como son:

ACEPTACIÓN: que no conformismo, pues se puede e incluso diría que se debe trabajar para cambiar las cosas si se considera que no están como debieran, pero aceptándolas en cada momento tal cual son. Es decir, soy gordo sí, y no me gusta, pero eso es lo que soy y me acepto ahora mismo tal cual soy sin que eso me lleve a avergonzarme ni a machacarme la cabeza lamentándome por ello, lo cual no quita que al momento siguiente no decida ponerme a dieta para poder lograr en el futuro dejar de serlo. Pero ojo, no pretenderé dejar de ser gordo porque el serlo me lleva a ser una persona infeliz mientras lo soy, sino porque entiendo que es lo que más le conviene a mi organismo en el futuro.


INTEGRACIÓN: Adaptación a mi medio a base de aceptarlo en el presente tal cual es, pudiendo hacer los planes de futuro que desee para influir en él. Integración conmigo mismo en el sentido en el que me reconozco un ser más allá de los pensamientos que genero y que independientemente de cuales sean estos pensamientos y de las circunstancias que me afecten se merece ser feliz, por tanto tengo que comprender que lo importante de mí soy yo y no mis pensamientos y/o mis sentimientos, que a veces me juegan malas pasadas.

RECONOCIMIENTO: De la importancia que para mí mismo tiene mi propia felicidad y reconocimiento de la importancia que en mi vida tienen los demás como seres libres, que por más que lo desee no puedo controlar, y por tanto, tengo que aceptar sus fallos y sus virtudes (sin caer en el conformismo).

AMOR: Hacer del amor el centro de mi vida y comprender que si todo lo que hago lo hago con amor primero hacia mí mismo y por tanto al mismo tiempo hacia los demás va a ser más fácil
alcanzar la felicidad.

Por último, en respuesta a la pregunta que da título a este artículo: lo cierto (al menos desde mi punto de vista) es que la Felicidad no es algo que se obtiene cuando se alcanza sino mientras se busca cuando se cree que se puede alcanzar, por tanto para ser feliz hay que morir en el intento.

La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.

El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace.
Jean Paul Sartre (1905-1980) Filósofo y escritor francés.

Ver artículo de Wikipedida sobre el término Felicidad. Muy interesante.

21 septiembre 2007

Educación para la ciudadanía ¿Empezando por quién?

Pretendiendo sin cortarme un pelo ser polémico si es necesario, este mes me dispondré a hablar sobre la “temida” asignatura de “Educación para la ciudadanía”. A mi entender no parece haber problema alguno en enseñar a los más jóvenes algo que deben saber, como que en nuestro país existe una cosa que se llama Estado de derecho y lo que ello implica, así como preceptos constitucionales básicos como derechos y obligaciones que todos debemos considerar. El derecho a la intimidad y al honor, el derecho a una vivienda digna, el derecho a un juicio justo considerando la presunción de inocencia, el derecho a la vida (del cual deriva la prohibición de la pena de muerte), el derecho a la educación, el derecho a una atención sanitaria adecuada, el deber del estado de proteger a la familia, el derecho de sufragio activo y pasivo, las obligaciones como ciudadanos: pagar impuestos, defender el país y la constitución, cumplir las leyes, denunciar a aquellos que las incumplen, etc…

Algunas cosas nos gustarán más y otras nos gustarán menos, pero al menos yo estoy de acuerdo con la mayoría y de otro modo no nos queda sino promover el cambio de estas normas básicas si es que no las queremos pero con los mecanismos que igualmente están recogidos a tal fin. La idea que quiero subrayar es que para todo debemos seguir las reglas del juego siempre y cuando estas reglas no nos han sido impuestas a los ciudadanos de forma autoritaria o despótica. La constitución la aprobamos todos los españoles en referéndum de modo que si no nos gusta nos jodemos y nos ponemos manos a la obra para mejorarla, pero siguiendo las normas del juego que también han sido escritas de forma democrática. Por eso digo que mientras las normas sean las que son, veo no solo sano y positivo sino acaso imprescindible que los escolares aprendan estas normas y creo que el título de la asignatura “Educación para la ciudadanía” es en este sentido más que correcto.
Hasta aquí no creo tener muchos detractores aunque el mundo es una caja de sorpresas y seguro que sale algún conejo de la chistera, (bienvenido sea si es el caso). El problema fundamental creo que llega cuando además de las normas constitucionales y legales que rigen los derechos y deberes de todos los ciudadanos y por tanto que todos debemos conocer y respetar so pena de acciones legales civiles o penales, se añaden a esta asignatura conceptos, ideas y aspectos morales que en principio siempre son discutibles al no existir una única, universal, indiscutible e infalible moral y/o ética no ya en España sino en el conjunto de culturas que componen el cada vez más pequeño mundo.
A estas alturas, al menos en España, no creo que haya mucha gente capaz de discutir con argumentos aceptables y sólidos sobre la conveniencia o no de ser “buenos ciudadanos” al, por ejemplo, no tirar desperdicios al suelo cuando se pasea por la calle pudiendo arrojar los mismos en la papelera de la esquina. Aunque esto sea muy común y todos lo veamos a diario sin comprometernos en reprimir estas conductas, el hecho de que existan “ciudadanos gorrinos y detestablemente estúpidos”, no significa que tirar papeles al suelo sea aceptable. Quiero decir, que el hecho de que existan individuos que no son capaces de asumir el valor de la higiene y la responsabilidad para con aquellos que como yo gustamos de pasear por una calle limpia y libre de colillas, excrementos, envoltorios, billetes de metro, etc, no significa que incluso estos individuos tengan argumentos suficientes para rebatir la afirmación de que eso está mal hecho. Como ese ínfimo ejemplo habría otros muchos que aunque pudieran ser objeto de discusión creo que están bastante consensuados e discutidos ya como para que generen polémica. ¿Alguien está en contra de enseñar a los niños que no deben arrojar basura al suelo cuando están en la calle? ¿ Acaso alguien está en desacuerdo con que a los niños y niñas de este país se les enseñe a que deben respetar y cuidar su entorno natural y ser más responsables a la hora de hacer un consumo de energía para no contribuir a la degradación del medio ambiente? Ya digo, este tipo de aspectos serían incluso discutibles pero creo que no generan polémica al estar ya muy extendidos entre la mayor parte de la población.
Ahora bien, conceptos como la familia parecen traer de cabeza al país entero, la sexualidad y el amor están resultando ser problemas que preocupan sobremanera a unos y otros en relación a la enseñanza que sobre los mismos puede llegar a hacerse. Es lógico que esto ocurra, sobre todo porque si uno repasa los diferentes textos puede ver que las diferencias en aspectos como estos son en ocasiones abrumadoras. El problema estriba a mi modo de ver en que no se es objetivo y ciertamente libros de una y otra tendencia pretenden adoctrinar en unos y otros sentidos. Por ejemplo, en algunos libros como en el de la editorial Casals puede leerse del puño del psiquiatra D. Enrique Rojas "Una gran mayoría de amores tienen poco de amor". "Hay pasión, deseo, interés, empeño o una atracción física y sexual... Pero no es verdadero amor". La clave está para el autor de Adiós a la depresión, en "conducir a la verdad a la persona amada". En esta sociedad algunos tienen pesadillas y se preocupan hasta el desasosiego por definir palabras que pertenecen a la esfera de lo privado en muchos de los casos. ¿Por qué tanto empeño en definir o determinar con carácter adoctrinante lo que es “verdadero amor”? ¿Dónde está escrito lo que es y lo que no es amor? ¿En sus libros? Cuanta gente no ha escrito del amor y aún así cada uno dice algo diferente de él en cada ocasión. ¿Quién tiene la autoridad para determinar cuál es la “verdad verdadera”? Claro, con asuntos como este no me extraña que algunos padres se indignen al ver que a sus hijos les limitan la capacidad para descubrir por ellos mismos lo que es el amor de forma natural. El amor es un sentimiento (y en eso creo que estamos todos de acuerdo, más allá de que se puediera describir en términos más o menos científicos el concepto “sentimiento”), y sobre sentimientos no se puede determinar porque pertenecen a la esfera de lo privado. Si yo siento amor hacia un determinado individuo, ¿quién es nadie para determinar que eso que yo y solo yo estoy sintiendo es tal o cual cosa?
Con respecto a las diferencias entre hombres y mujeres, resulta que entre todos los libros nos generan un embrollo mental que resulta patético. En algunos, como los de las editoriales Algaida y Octaedro, se habla de la inexistencia de diferencias debidas a los condicionantes biológicos, achacando toda diferenciación en las relaciones de género dentro de la sociedad a motivos culturales, educacionales o incluso a la imposición. Pues bien, esta concepción es a mi entender radicalmente errónea y me explico: No me cabe la menor duda que los condicionantes sociales, culturales, educacionales y en muchos casos la imposición machista, han generado diferencias ficticias que a la vista de mentalidades educadas en esos mismos principios puedan parecer naturales, pero la realidad es que para algunas pequeñas cosas en las cuales no voy a entrar, pero que son muy importantes, las diferencias biológicas repercuten en el comportamiento de uno y otro sexo de forma muy significativa. Claro está, la mayoría de estas diferencias en el etograma humano, de un sexo respecto del otro, tienen relación con el comportamiento sexual, pero no olvidemos que el sexo nos gobierna en prácticamente todas las facetas de nuestra vida aunque en la mayoría de esas ocasiones no seamos conscientes de ello. Pero claro, de ahí a afirmar como se hace en la editorial Casals que "La mujer ha sido siempre la que ha trasmitido los sentimientos, el mundo de la afectividad... La madre humaniza la familia. Es ella el cemento de unión. La ternura es el ungüento del amor", me parece extremo y e incluso insultante. ¡Que tremendos mamarrachos, rebaño de impresentables, cacareadores de lo aberrantemente incoherente y vociferante plaga de traumatizados pervertidos de la razón! Imagino que no soy el único al que indignan frases como esta que separan al hombre por completo del mundo de la afectividad. Vale, repasemos, ¿tengo que entender que como la mujer ha sido siempre la que ha transmitido los sentimientos, el mundo de la afectividad… me tengo que mantener al margen como hombre de este asunto y seguir dejando hacer a “la mujer”? No sé cómo tomármelo, si como un dato histórico (bastante poco argumentado o explicado cuanto menos) o una justificación de que eso es lo normal y por tanto lo que le corresponde a “la mujer”. ¿Acaso lo dicen para que le demos un aplauso a “la mujer” por haberse currado desde siempre esta tarea que sin duda corresponde tanto a hombres como a mujeres? ¿Acaso niegan de forma implícita la capacidad o la eficacia del hombre para llevar a cabo esta tarea ayudándose del pedestre argumento de que por eso La mujer ha sido siempre la que ha trasmitido los sentimientos, el mundo de la afectividad...? ¿Qué se insinua en esa frase? Acaso el problema es mío y en realidad no se pretende insinuar nada quedando el dato como un mero apunte histórico. ¡Joder!, ¿de verdad eso ha sido así “siempre”? La siguiente concatenación de frases no me deja menos perplejo, pues resulta que “La madre humaniza la familia. Es ella el cemento de unión. La ternura es el ungüento del amor”. ¿Y el padre no humaniza la familia?, ¿la deshumaniza entonces, pasa del tema, ni humaniza ni deshumaniza? A lo mejor, el padre también humaniza la familia pero sólo a veces. El caso es que lo que queda claro según la frase es que “La madre humaniza la familia”, o sea, que si eres madre, tú humanizas la familia aunque seas una nefasta criatura irresponsable sin educación, que pasa de sus hijos y se dedica sin remisión a tragarse uno detrás de otro, culebrón tras culebrón mientras tu hijo juega solo en su cuarto a la Playstation durante horas y horas sin que le interrumpas para leer con él o hablar de los problemas que tiene en el colegio con la manada de lobos con aspecto de niños que le acosan sin descanso todos los días mientras tu ves la teletienda, o te vas a la peluquería a pasar la mañana hablando del chisme de turno o del programa de ayer donde se sodomizaba moralmente al famosillo de tres al cuarto que tocara. Todos sabemos tirar de tópicos absolutistas pero hay algunos que llegan a irritar sobremanera.
Desde luego que no todas las mujeres son como el retrato que acabo de hacer, del mismo modo que no entiendo como se pueden hacer afirmaciones tan tajantes y maniqueas como que la mujer humaniza la familia, así a secas, y quedarse tan pancho. Tranquila, hagas lo que hagas, si eres madre, tú humanizas a la familia siempre y cuando el concepto “madre” venga precargado de una serie de prejuicios que lleven implícito, que de forma inevitable se deba asociar el ser madre con “humanizar la familia”. Pero es que además “Es ella el cemento de la unión”, y no otro, sino ella. Que a nadie se le ocurra que no es otra sino ella el cemento de la unión. ¿Entonces el hombre que és? ¿el ladrillo? ¿Acaso el hombre no puede ser cemento de la unión? Me parece una ofensa intelectual que comentarios como estos aparezcan en un libro de texto.
Por ese motivo entiendo que a muchos padres (y algunos que no somos padres aún y nos preocupamos por aspectos como estos), no les guste “Educación para la ciudadanía”, aunque a todos nos pueda parecer correctamente poética la frase La ternura es el ungüento del amor. Ahora lo que no tengo claro es si el ponerla justo después de las frases anteriores asocia directamente mujer y ternura, pero eso debe deberse a que yo soy muy mal pensado.
En otros temas como la idea de familia, o el tratamiento que se hace del hecho religioso no son menos polémicos. Pero vamos a ver, ¿a quién le importa que yo considere a mi perro como parte de mi familia?, ¿afecta en algo para que tú no puedas seguir considerando a tu suegra parte de la tuya?, ¿acaso tiene efectos legales perniciosos para ti?, ¿acaso insulta a tu suegra el que yo considere a mi perro parte de mi familia del mismo modo que tu la consideras a ella parte de la tuya? Todo eso entra parte del ámbito privado del mismo modo que la religión y las creencias de cada uno siempre que estas creencias sean respetuosas con la ley. Quiero decir, si tu creencia te lleva a valorar que matar a cualquiera que se te cruce por delante es lícito, me da igual que sigas creyéndolo mientras no lo pongas en práctica porque de hacerlo te voy a meter en la cárcel del mismo modo que si creyeras que los girasoles son antenas extraterrestres teledirigidas con fines perversos e igualmente mataras a quien lo negase. Ahora bien, lo que no es de recibo es exigir que la ley, que es lo que es mientras no nos inventemos otra forma de implantarla, se escriba de modo que valga para todos. No puede contentar al que cree que matar es lícito y al que cree que no lo es y creo que no hay nadie que no esté de acuerdo conmigo en que sobre este asunto es importante legislar. Pues resulta que hay ciertas cosas que no afectan a minorías sectarias sino a amplios grupos de población que se enfrentan ideológicamente en multitud de ocasiones, pero incluso sobre estas cosas hay que legislar en la mayoría de los casos y si las posturas son irreconciliables no hay más remedio que aceptar la consideración de la mayoría, al menos mientras el sistema es el que es. Si la mayoría consideró que a una unión entre dos mujeres se debe considerar a todos los efectos legales como matrimonio todos los demás debemos acatar y respetar la ley y no hablar como si esta no existiera. Además pensemos que si la mujer es el cemento de la unión a un matrimonio de lesbianas no va a haber nadie con los "cojones" suficientes para romperlo por muy intransigente que se ponga, ¿o es que las lesbianas no son mujeres?
En definitiva y retomando la cordura y la moderación, iré concluyendo. Pienso que una asignatura como esta no debería tocar explícitamente asuntos morales a pesar de que estos estén condicionados por legislación vigente. Lo que si veo imprescindible es enseñar a nuestros menores que el respeto a la ley es algo irrenunciable, el conocimiento de estas leyes (al menos las más básicas que se refieren a derechos y deberes de los ciudadanos) debería ser también un pilar de la misma, la educación vial, la educación en lo que significa el respeto a la libertad de expresión, la tolerancia, la mentalidad y análisis crítico, la responsabilidad y la solidaridad, el valor del trabajo y el esfuerzo, la educación sexual desde el punto de vista sanitario pasando de la cuestión emocional pero haciendo incapié en el respeto mutuo y en la dignidad de las personas como elementos irrenunciables y exigibles en el comportamiento de todo individuo que quiera ser aceptado en esta sociedad. En fin, un montón de contenidos que se podrían tratar sin necesidad de que nadie se viese ofendido, ninguneado o manipulado y que sin duda yo defiendo como objetivos irrenunciables dentro de una asignatura que del mismo modo considero imprescindible y que debería pactarse en cuanto a contenidos.
Por cierto, para el que no lo sepa he sido catequista de gente joven (odio la catequesis para la primera comunión) durante muchos años (hasta el año pasado) y en el momento actual no ejerzo como tal por falta de tiempo material y ubicación espacial. Soy cristiano confirmado y convencido dentro de la iglesia católica a la cuál critico de forma intensa y a la cual analizo con multitud de matices diversos. Mi fe no me impide ser crítico ni tampoco me limita en mi libertad de pensamiento intelectual y científico, de modo que para terminar diré, teniendo en cuenta que además son temas que están relacionados, que la religión como enseñanza de cualquiera de las doctrinas presentes en el panorama humano debería estar alejada de la escuela bajo pena de cárcel. Eso sí, del mismo modo creo que una asignatura estrictamente histórica y sin valoraciones morales de “historia de las religiones” nos vendría a todos mejor que cualquiera de esos odiosos programas de corazón que a tantos parecen agradar y sobre los que nadie parece alzar la voz con tanta insistencia.
A algunos padres habría que quitarles la licencia para serlos. ¡Ah!, ¿qué no existe tal licencia? Pues habría que implantarla.

10 agosto 2007

¿Sueñan las ovejas con androides eléctricos?


Gracias a Dios, o quizá, quién sabe, a múltiples otros factores, por fin tengo tiempo y recursos para retomar el blogg. Lamento el no haber podido continuar tal y como me comprometí con la publicación mensual pero la multitud de cambios acaecidos en mi vida no han sido pocos y mucho menos menores. Este mes de Agosto, me dispongo a darle vueltas a un tema que cada cierto tiempo retomo a modo particular en plan filosófico y obsesivo: Se trata del “Conocimiento”. Sí, porque el conocimiento y su búsqueda no creo que sea un tema ni mucho menos baladí, al menos para mí, y me explico.


Todo proviene de mi particular forma de ver el mundo, en parte defecto y en parte virtud, según la cual, todo o casi todo ha de ser clasificado aún sin querer o de forma casi inconsciente a veces. Pues bien, en función de esta premisa, conceptos como el bien, el mal, lo aceptable, lo rechazable, lo correcto o lo incorrecto y toda la infinita amalgama de adjetivos que pueden llegar a usarse para calificar a una persona son conceptos y elementos de constante actualidad y perseverancia en mi intelecto. Por cierto, no me es ajeno que todo este rollo quizá interese bastante a mi psicoterapeuta, el día que pueda pagármelo, mientras que al resto le importe vulgarmente hablando, “una mierda” (con perdón), pero creo que es básico para entender el porqué de mi interés en tratar el tema. El caso es que desde el reconocimiento de que mi actitud es autolesiva y altamente masoquista, he acabado por interiorizar como un valor importante que define y caracteriza a las personas en varios grupos (que imagino no interesan a nadie), “LA ACTITUD TENDENTE A CULTIVAR, MEJORAR Y POTENCIAR LAS CAPACIDADES DEL INTELECTO”. En otras palabras y a pesar de que soy consciente de que no es el mismo tema, lo que me interesa es “la búsqueda del conocimiento” tratado no como un concepto teórico abstracto, ni como un término metafísico ininteligible, sino como una actitud vital que lleva al individuo a estar receptivo ante cualquier novedad, cualquier aspecto nuevo de la realidad que desconozca cualquier nuevo conocimiento, saber, idea o habilidad que se muestre plena de realidad ante sus ojos esperando ser aprehendida, investigada, observada, entendida o al menos discutida.


¿PORQUÉ? Creo que esta es la mejor pregunta que nadie jamás puede pretender hacerse a cerca de cualquier cosa y he ahí la clave. ¿Cuánta gente tiende de forma natural a hacerse esta pregunta habitualmente?

La importancia de la cuestión radica en que como seres humanos, una de las cosas que nos diferencia de cualquier otro ser vivo de este planeta es la capacidad intelectual, que lo mismo nos lleva a alcanzar la gloria con obras como “El concierto de Aranjuez” interpretado por Paco de Lucía (pieza que recomiendo vivamente a cualquiera que no la haya escuchado aún, y que yo estoy disfrutando en el momento de escribir la presente), o lograr cotas de estupidez dignas de la ameba más ineficiente que se pueda imaginar con empresas como el periodismo “rosa” actual por no poner muchos ejemplos. El caso es que aquello que nos distingue como humanos es a menudo ninguneado o incluso rechazado por amplios sectores de la población. La actividad intelectual, la lectura, el estudio, la filosofía, el debate crítico, el uso correcto del lenguaje y la terminología adecuada en cada caso, el interés por lo extraño, el tratamiento científico de las cosas. Todo ello resulta objeto de asombro hacia quien lo practica como digo, cuando no de mofa y rechazo. Evidentemente sin generalizar, pero desde mi experiencia en diversos ambientes, dentro de un amplio espectro de población se dan este tipo de actitudes hacia lo intelectual, lo racional, lo culto, lo crítico, en definitiva hacia aquello que nos distingue, entre otros diversos aspectos, de las tortugas o las gallinas. Ojo, no estoy diferenciando entre gente culta y gente que no lo es, sino entre gente que a menudo rechaza la oportunidad de conocer algo nuevo y gente que ansía el momento del día en que esto ocurre. Y entre estos dos grupos a grosso modo, (entre los que cabría distinguir diversos matices de grises), podemos estar mezclando a analfabetos estructurales con doctores universitarios. Particularmente conozco ejemplos de personas sin apenas formación, cuya curiosidad por lo nuevo, su interés por aprender y su afán personal por el enriquecimiento personal en lo espiritual y lo intelectual es tal, que abrumaría a cualquier profesor vocacional que se dispusiera a afrontar el reto. Del mismo modo conozco a universitarios titulados, cuya catadura moral e interés por el crecimiento intelectual se mide exclusivamente en función del rendimiento económico y de la mayor o menor medida del esfuerzo necesario para obtener dicho rendimiento, que en el futuro pueda otorgar el título que posee o se esfuerza en poseer. Se supone que dentro del ambiente universitario debería poder encontrarse el interés por el conocimiento más allá de la pura cuestión mercantilista relacionada con el provecho socioeconómico que de dicho conocimiento se pueda obtener. Pues bien, el caso es que cada vez resulta más difícil encontrar a personas con afán enciclopedista, no en el sentido de saberlo todo, sino del interés por saber de todo. En el análisis del porqué ocurre este fenómeno no me atrevo a entrar en esta ocasión, por tratarse este de un tema que podría despertar a alguna fiera interna que prefiero dormite por el momento hasta que llegue su momento, por lo que me detendré más en la crítica en forma de preguntas al lector por ahora y así de ese modo, acaso genero polémica si es que hay alguien que se digna a leer el blogg.

- ¿Es útil clasificar a los seres humanos en función de su interés por el conocimiento, (entiéndase este en su más amplio concepto, y no como sinónimo de saberes académicos o científicos en exclusiva)?

- ¿Porqué será que en muchos ámbitos se asocia la palabra “sabio” a una persona vieja mientras que para aquella persona joven que a menudo demuestra ser diferente del resto por su saber se reservan con mayor frecuencia términos despectivos como “sabiondo”, “sabelotodo”, “calculín”, etc…?

- ¿Está denostada en la actualidad la búsqueda de la excelencia? ¿Qué se entiende hoy día por “mediocridad”?

- ¿En cuántos debates o conversaciones interesantes que no tratasen de deporte, moda, famoseo, de cómo gastar dinero o de una ficción televisiva has tenido la “oportunidad” de intervenir hoy?

- Estoy seguro de que conoces a gente al igual que yo, que aún sabiendo que hace mal una cosa, aunque se trate de algo insignificante (yo que sé, un ejemplo estúpido, … por ejemplo decir “pograma” en vez de “programa” sabiendo que está mal dicho, o no saber manejar el mando a distancia de un aparato electrónico pudiendo aprender leyendo, pidiendo que te enseñen o con unos pequeños apuntillos de cómo usarlo hasta acostumbrarse), no hace nada en absoluto por intentar mejorar en ese pequeño aspecto, sintiéndose tan felices a pesar de ello y asombrándose del disgusto ajeno por el mantenimiento de dicha actitud.

- ¿Qué es lo que lleva a alguien a votar en unas elecciones por una determinada opción política sin conocer sus fundamentos ideológicos, propuestas concretas o incluso ni tan solo el nombre de su líder o incluso de cualquier aspecto de sus rivales?

En fin, que al ritmo que vamos, los taxonomistas tendrán que empezar a ponerse las pilas y llegar a un acuerdo entre redefinir el concepto de especie o emparentar mucho más de lo reconocido hasta la fecha al Homo sapiens con la oveja merina. En cualquier caso, que lo hagan pronto porque me empiezan a asaltar las dudas cada vez que me como unas costillitas de cordero con patatas, pues no sé últimamente si se trata de un acto lícito de alimentación omnívora o un acto flagrante de genocidio caníbal, fascista y prepotente hacia un individuo semejante de una raza inferior. Beeeehhh….., ups, …perdón.

16 octubre 2006

La Violencia.


Este mes ha comenzado un poco revuelto, y entre otras muchas ocupaciones, la redacción de esta nueva entrada del blog, se ha llevado más tiempo del deseado, pero heme aquí, preparado para enfrentarme a otra cuestión que seguramente interese a algunos pero que aburra a otros muchos. No importa, bienvenidos todos. El tema del mes es: La Violencia.

La violencia como recurso ante cualquier fenómeno o episodio personal, social, político o de cualquier otra índole es incontestablemente rechazable, por muchos motivos diversos. En nuestra sociedad, recurrir a la violencia es sinónimo de falta de argumentos, bien porque ya no queden, (lo cual indica que es el otro quien tiene razón), o por tratarse de individuos que, o bien no son capaces de usar el intelecto para dirimir sus disputas o bien se ven tan torpes que ni lo intentan. En cualquier caso, el uso de la violencia por parte de cualquier individuo o grupo de ellos nos da muchos datos a tener en cuenta para el análisis. La violencia más básica proviene de ámbitos marginales o no, en los que impera la ley del más fuerte desde que el individuo nace y por tanto el uso de la misma no ofrece ningún tipo de dilema moral a quien la ejerce por tratarse de la norma. Es una herramienta que sirve al que la usa para imponerse sobre el otro y por tanto un instrumento de poder. Ya sabemos que el poder ejerce un gran atractivo sobre los seres humanos. Cualquier intento de mantener un discurso que se aleje de esta dinámica puede ser considerado una agresión en sí mismo por generar impotencia a quien escucha, si este no puede responder en la misma medida por falta de recursos o habilidades sociales. La respuesta mayoritaria al sentimiento de impotencia suele ser la agresividad y/o la violencia en su caso. La forma de atajar la violencia en estos casos pasa sin duda alguna por la educación desde las etapas infantiles, de forma que se le proporcione a la población instrumentos y valores que le permita desechar la violencia como medio de resolución de conflictos, a la vez que se pongan los medios legales para atajar estos, (conflictos sociales, económicos, culturales, ...).

La debilidad, la mediocridad, la cochambre de la condición humana puede ser tema, sin duda, de reflexiones y discusiones, profundas como pocas, en un mundo que parece confirmar que como poco la decadencia no solo es constatable sino acaso inevitable a pesar de las consecuencias de la misma. Que podamos destruir el mundo en que vivimos constituye para algunos, más que un motivo para el desánimo , acaso una señal de la grandeza y poderío de un ser humano que como especie ostenta el poder nunca alcanzado por ninguna otra de cambiar su destino incluso a su costa si lo desea. Pues bien, parece que así fuera puesto que la bravuconería, más allá de limitarse al puro exhibicionismo, (no sé muy bien ante qué o ante quién y mucho menos por motivo de qué), parece extenderse sin fin hasta límites que lejos de ser insospechados parecen materializarse ante nuestros propios ojos en forma de cambio climático, amenazas apocalípticas, extinciones masivas ante nuestros ojos, institucionalización del miedo, hambrunas y pobreza sistemáticas a causa de un sistema económico insostenible,...

La decadencia es consustancial con la evolución histórica de todas las grandes civilizaciones, que como se suele decir siempre tienen un final. Todo proceso de decadencia de una sociedad conlleva luchas y tiranteces por la supervivencia social de los grupos y de las personas cuando no de supervivencia física real en función de los motivos que la originen. Pues bien, esta es otra de las fuentes de la violencia y por tanto, en un sistema económico capitalista como el nuestro, que no regula adecuadamente las consecuencias de las desigualdades consustanciales de sí mismo, este tipo de violencia no solo es predecible sino patente y muy a tener en cuenta.

Otro de los gérmenes de los que brota la violencia es la intransigencia y la intolerancia, que aunque son dos actitudes distintas, llevan igualmente a los individuos a querer imponer sus puntos de vista y sus ideas incluso a pesar de que con el intelecto se les demuestre por activa y por pasiva que no tienen razón. En otros casos, es la "dictadura de la mayoría", la que impide al que tiene la razón de su lado el imponerla pese a exponer de forma patente y clara que la tiene, por causa de la intransigencia de la opción dominante, que en una sociedad democrática tiene el derecho a imponerse. El hecho es que en cualquier caso, las minorías, con la razón de su lado o no, se ven obligadas a aceptar y tolerar normas, actitudes, actos y/o circunstancias que incluso pueden considerar injustas, y esto acaba por generar focos de violencia ante la impotencia de no poder resolver lo que para ellos es un conflicto o una injusticia con la palabra.

Pero la peor de todas es la violencia institucional, porque lejos de sustentarse en la debilidad y mediocridad del humano medio que no es capaz de limitar sus sentimientos y actitudes por medio de la razón y el sentido común, se sustenta en el aprovechamiento de una posición de poder que adquiere el gobernante y su entorno de forma legítima en la mayoría de los casos. No son pocos los ejemplos de gobiernos que a pesar de la manifestada oposición de la población a la que representan, acaban actuando de forma violenta, bien contra ella misma, bien contra otros. Y no estoy hablando en exclusiva de guerras y ofensivas militares sino de la imposición de actitudes por medio o al menos con el concurso de la amenaza expresa o velada de la fuerza. Los abusos, las imposiciones comerciales, los oídos sordos ante el clamor general de cambio, los desplantes o la pérdida de derechos sí o sí, son algunos de efectos de la violencia institucional sin citar, las matanzas, los bombardeos, los asesinatos selectivos, los secuestros, los arrestos indiscriminados, las cárceles ilegales, etc...

¿Acaso no consideran menos violento matar a alguien de un tiro en la nuca que encerrarlo y dejarlo morir de hambre lentamente viendo sufrir y morir a sus hijos de desnutrición y enfermedad no tratada mientras otras tantas se adueñan de él?. Quizás no sea tan espectacular, pero seguro que muchos coincidirán conmigo en que frente a las dos opciones, si la muerte es segura, es preferible el tiro en la nuca. A eso yo lo llamo violencia, es incluso más cruel si cabe que un bombardeo por sorpresa y está ocurriendo a diario. Pero es más, sería extensible a la comparación en la que enfrentemos el uso de armas de destrucción masiva con la actitud impasible ante la alarma mundial de la comunidad científica y otras organizaciones por el cambio climático consecuencia de la contaminación. ¿Acaso no destruye ciudades enteras un huracán o unas lluvias monzónicas descontroladas sin necesidad de lanzar una bomba atómica?. ¿Acaso no causa enfermedades a toda una población como si se tratase de una arma biológica una sequía permanente causada por la falta de lluvias?. ¿Acaso no causa cancer sin necesidad de usar radiación el aumento de la radiación solar por la reducción de la capa de ozono?. Es muy posible que considerarme extremista a estas alturas de mi discurso no solo sea prudente por parte del lector sino incluso adecuado, pero: ¿Acaso no tengo razón en alguna de mis preguntas?

Por ir terminando la reflexión de este mes de Octubre, sé que me queda por analizar al menos un motivo de origen de la violencia, que sería la respuesta legítima en defensa propia, pero no quiero que después de lo dicho hasta ahora se me tache de instigador de masas y/o de apología de la misma. Quede dicho en cualquier caso que aunque no solo la violencia defina al ser humano, ya que tiene otros tantos valores y cualidades inmensas que lo engrandecen, sí que me atrevería a afirmar que está atrapado en la actualidad en ella de tal forma, que hasta que no consiga romper la espiral y retomar las riendas de su propia evolución histórica, se verá lamentablemente avocado al fondo de la decadencia, que teniendo en cuenta el poder del que disponemos puede ser un pozo del que sea difícil salir después. Mientras tanto, los ciudadanos podemos elegir entre las estupidizantes novelas, concursos o programas de chismorreo criminal de las sobremesas, o deleitarnos con la serie de pseudo-realidad que en los días venideros nos ofrece la prensa de toda clase, bajo el título "Corea del Norte. Chiquito pero matón" o "Corea del Norte. ¿La amenaza fantasma?".

02 septiembre 2006

El fariseismo descarado.

Antes de imbuirme de lleno en la discusión de este mes de Septiembre, me gustaría agradecer a todos aquellos que me han animado y alentado a seguir adelante con el blog. También quiero pedir perdón por no haberme dado cuenta de que el sistema de inscripción para hacer comentarios era totalmente insufrible. Ya está solucionado y podeis hacer comentarios facilmente clickeando en el link adecuado.
Pues lo dicho, tras los agradecimientos varios y los avisos de rigor, me propongo ahora a afrontar un tema de rabiosa actualidad como es la escalada de tensión en Oriente medio que después de materializarse en la guerra de Líbano, promete perpetuarse continuando con Irán. Con toda certeza, el asunto no es baladí pues estamos hablando de energía nuclear. Resumiendo mucho para los que no estén muy al día, Irán que firmó en su día un tratado internacional de "no proliferación nuclear", pretende ahora reactivar su industria de obtención de energía mediante la apertura de nuevas centrales. Un paso previo para la puesta en marcha de una central nuclear, es el abastecimiento del combustible necesario para que esta funcione, "el uranio enriquecido". El problema es que la maquinaria necesaria para enriquecer uranio para una central energética es la misma que se usa para enriquecer uranio del que se usa en una bomba atómica. Es todo cuestión de dejar la maquina de enriquecer uranio funcionando más tiempo, con lo cual obtenemos uranio más enriquecido que el de las centrales nucleares.

El debate se suscita cuando hay quien pone en duda las intenciones de uso de la máquina de eniquecer uranio. ¿Se enriquecerá uranio un poquito para el uso de las centrales nucleares o mucho para hacer "armas de destrucción masiva*"? (*palabras mágicas que cual mago pronuncia de vez en cuando "el encantador de serpientes" y que provocan furor en las masas de incautos sufridores en casa). De hecho es cierto que si puedes enriquecer uranio, fabricar La Bomba es un poco menos difícil, pero también lo es que hay muchísimos países que firmaron en su día el tratado de no proliferación nuclear y que encienden sus bombillas con energía procedente del uranio que ellos enriquecen para alimentar a sus centrales, porque ese tratado no prohíbe a sus firmantes el uso de dicha energía para usos pacíficos. Pero claro, el caso de Irán es diferente porque si se te señala insistentemente con el dedo acusador, ya eres culpable a menos que se demuestre lo contrario cuando debería ser al revés.

Lo cierto es que Irán es sospechoso porque no ha dejado claras sus intenciones, obstaculizando incluso las inspecciones internacionales por lo que su programa nuclear ha sido suspendido al menos de palabra, que no de hechos. Pero no saber algo no significa que lo cierto sea lo que yo quiera. Que la comunidad internacional no sepa si Irán quiere fabricar armamento nuclear (porque no lo puede demostrar a causa de la ausencia de inspecciones que hagan un seguimiento de su programa), no significa que necesariamente su programa nuclear vaya destinado a un uso belicista aunque al menos sí que da que pensar. Pero conocer un poco la historia reciente de Irán en relación a este tema puede hacer que tengamos perspectivas alternativas, así como conocer no ya la historia, sino algunas de las historias que se nos presentan como ciertas y de las que no tenemos elementos suficientes de juicio para poder refutarlas o admitirlas.

Podemos leer en diversos medios de comunicación que en 1953, durante la Guerra Fría, la CIA ayudó secretamente a derrocar al presidente iraní, democráticamente electo, contribuyendo al regreso al poder del sha de Irán Mohammad Reza Pahlevi, que en principio parecía oponerse a la política de la Unión Soviética y por tanto era un potencial aliado de EE.UU. en la región. Para apoyar al sha, los EE.UU. construyeron en Teherán un reactor que hoy día constituye una de las mayores instalaciones nucleares del país y donde se lleva a cabo la mayor parte de la investigación en esta materia en Irán. Además, el uranio que alimenta estas instalaciones fué también donado por los EE.UU. y es este uranio ya empobrecido por el paso del tiempo y el uso, el que ahora temen entre otros George Bush, pues puede usarse para crear las temibles armas nucleares.

Partamos de la base de que no trato de disculpar a nadie ni de servir de papagayo del presidente Mahmoud Ahmadineyad, pero el hecho es que el que países como Italia, no ya Venezuela, Cuba Siria, etc..., defiendan el derecho de Irán en su pretensión de llevar a cabo un programa nuclear con intenciones pacíficas, avala de alguna forma a quienes creen que la soberanía de un país no puede ser objeto de un peligroso debate internacional cada vez que sospechemos de él por algún motivo. Quiero decir, que a pesar de que sea probable que Irán pretenda hacerse con La Bomba, esto no es condición necesaria y suficiente que le permita a otro país o grupo de ellos a invadirlo, aplastarlo o hacer pasar a sus habitantes un martirio económico y/o humanitario, sobre todo si este país o este conjunto de ellos está plagado de armas atómicas por doquier. No lleva a nada embargar a un país porque se sospecha de él que pretende construir armas nucleares si no se impide que pueda seguir fabricándolas durante el bloqueo, y claro está, el problema está en que ese es el siguiente paso al bloqueo, la invasión y la destrucción de las infraestructuras necesarias para ello y ya de paso también la destrucción de otras que lamentándolo mucho serán calificadas de "efectos colaterales".

Distinta es la situación en Corea del Norte, que no solo se regodea en su bravuconería sino que se permite el lujo de lanzar misiles por encima de las cabezas de sus vecinos, lo cual nos lleva a otro tipo de escenario, pero en el caso de Irán no se ha llegado a ese extremo, (al menos de forma directa ya que los misiles que Hizbolá ha usado en Líbano son pagados por él). Por otro lado, las conversaciones diplomáticas son las que tienen el protagonismo actualmente junto, dicho sea de paso, al enriquecimiento de uranio no frenado por el país. Mas allá de las intenciones iraníes lo que más me preocupa son las reacciones ante la situación. Los Estados Unidos de América argumentan que ante el comportamiento de Teherán, la única explicación posible es la búsqueda de armamento nuclear, lo cual sostiene la petición de castigo ante el Consejo de Seguridad de la ONU, mientras que Rusia y China, clientes del crudo Iraní, que también coinciden en condenar la postura de Ahmadineyad no apoyan una resolución de ese calibre por considerarla un ultimátum que podría abocar la situación en la región a un punto del que sería difícil salir airosos.
En cualquier caso, obviando las consecuencias desastrosas que para la estabilidad de la zona puede tener este nuevo enfrentamiento sustentado por los augurios fundados o no como en el caso de la guerra de Irak, si Irán se hiciera con La Bomba, ¿qué habría que temer de él que no se pueda temer de otros gobiernos que la tienen por decenas y que invaden países a su antojo sin mandatos internacionales que lo apoyen?, desde luego no cabría esperar ninguna alusión a la actitud belicista y/o extremista de sus líderes, pero como no, normalmente y por regla general, acaba ocurriendo así. Hasta ahora nadie ha lanzado una Bomba contra población civil a excepción del que más se queja porque los demás la quieren. Tenemos que tener en cuenta que Irán junto a otros países de semejante calaña han sido bautizados como pertenecientes al famoso "eje del mal" y claro está, después de eso, los motivos sobran. De modo que digamos como Jesucristo en aquella ocasión en que los fariseos preparaban sus piedras contra la "culpable", ¡Ay, de quien tire la primera piedra!.

En conclusión, nos encontramos ante una nueva escalada, que ya fue augurada en su momento y con suficiente antelación por cierto, en una región donde los intereses estratégicos son innumerables. La implicación de grandes potencias en el conflicto como China y Rusia frente a EE.UU. y la lamentable, pero constatable ultimamente, inoperancia de la ONU, no ayuda a pensar en una rápida y satisfactoria solución para todos, mientras tanto, los sufridores desde casa haremos quinielas sobre el desenlace de una crisis que lejos de dejarnos indiferentes debería hacernos reaccionar o al menos estar preparados para saber interpretar los acontecimientos que pueda depararnos el futuro y para permitirnos posicionarnos a cada uno donde encuentre más conveniente.